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sábado, 11 de diciembre de 2010

Hno. Alois en Santiago de Chile, Sábado 11 de Diciembre

Durante la oración del atardecer, en el encuentro 
de Santiago, el hermano Alois comparte una meditación.

La fe se presenta, hoy más, como un riesgo: el riesgo de la confianza. Para correr este riesgo, necesitamos de todas nuestras capacidades humanas: tanto las del corazón, como las de la razón.

Incluso siendo creyentes, no buscamos siempre profundizar suficientemente en nuestra fe. A veces ocurre que la diferencia entre los conocimientos en el ámbito de la fe y los adquiridos en otros ámbitos se hace cada vez mayor. Una fe que se queda en expresiones aprendidas durante la infancia difícilmente podrá hacer frente a los interrogantes de la edad adulta.

La búsqueda de una comunión personal con Dios es entonces aún más importante. ¿Cómo profundizar más en ella? ¿Cómo alimentar nuestra esperanza?

Incluso si entendemos poca cosa del Evangelio, podemos buscar comprender más a partir de una palabra, e intentar ponerla en práctica. Todos nos podemos preguntar: Para mi, ¿cuál es la palabra del evangelio que me impresiona mas y que me gustaría poner en práctica hoy mismo?

Reflexión en grupos, Sábado 11 Diciembre

Durante la Peregrinación de Confianza, se lee el texto 
del hermano Alois y se reflexiona en pequeños grupos.

El Evangelio nos anima a ir siempre más lejos: la justicia debe prolongarse hasta el perdón. Las sociedades humanas necesitan el perdón. En muchos lugares del mundo las heridas de la historia son profundas. Atrevámonos a poner fin a todo lo que puede terminarse hoy. Así el futuro de paz, preparado en el corazón de Dios, podrá realizarse plenamente. Creer en el perdón de Dios no significa olvidar o minimizar la falta. El mensaje del perdón nunca puede ser utilizado para causar injusticias. Al contrario: creer en el perdón nos hace más libres para discernir las propias faltas, como también las faltas y las injusticias alrededor de nosotros y en el mundo. Y el perdón nos hace libres para no condenar definitivamente aunapersona cuando hemos sido ofendidos.

Hay faltas graves que cometemos o que soportamos, y que son a veces irremediables. Nos toca a nosotros el reparar todo lo que puede ser reparado. En este arduo camino encontramos un valioso apoyo: en la comunión de la iglesia el perdón de Dios puede otorgarse de nuevo.

Cristo distingue entre la persona y la falta cometida. 

Acoger y transmitir el perdón de Dios es el camino que Cristo ha abierto. Avanzamos con nuestras fragilidades, nuestras heridas y nuestras debilidades. Cristo no hace de nosotros maestros espirituales que piensan ya haber llegado a realizarse.

Somos pobres del Evangelio y como cristianos no tenemos la pretensión de ser mejor que los demás. Lo que nos caracteriza es simplemente la opción de pertenecer a Cristo. Y al hacer semejante opción quisiéramos ser 
totalmente consecuentes. 

Todos podemos descubrir que el perdón recibido o dado es creador de alegría. Saberse perdonado es quizás una de las alegrías más profundas, más liberadoras.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Hno. Alois en Santiago de Chile, Viernes 10 de Diciembre

Durante la oración del atardecer, en el encuentro 
de Santiago, el hermano Alois comparte una meditación.

El perdón dado y recibido es creador de alegría. Saber que somos perdonados es una de las alegrías más profundas y las más liberadoras. Ahí está la fuente de la paz interior que Cristo quiere comunicarnos. Cada ser humano tiene tanta necesidad de perdón como del pan de cada día y Dios se lo da siempre gratuitamente, El que perdona todas nuestras ofensas. A veces, solamente podemos abrir las manos y expresar por medio de este gesto que desearíamos recibir el perdón. 

Creer en el perdón de Dios no significa olvidar la falta. El mensaje del perdón no puede jamás utilizarse para justificar las injusticias. Al contrario, creer en el perdón nos hace más libres para discernir nuestras propias faltas, así como las injusticias a nuestro alrededor y en el mundo. Por lo tanto es nuestra tarea remediar todo aquello que sea posible.

A lo largo de este arduo camino encontramos un sustento vital: en la comunión de la Iglesia el perdón de Dios puede concederse siempre.

Cuando rezamos en el Padre Nuestro: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos...", su perdón ya nos alcanza, no son simples palabras al viento. Algo pasa cuando rezamos con estas palabras que el mismo Jesús nos enseñó. Dios responde a nuestra plegaria y ya estamos preparados para perdonar nosotros también y a no condenar definitivamente a otra persona cuando nosotros hemos sido los ofendidos.

Cristo hace la distinción entre la persona y la falta cometida. Hasta su último aliento en la cruz él se niega a condenar a nadie. Y la falta, lejos de minimizarla, él carga con ella.

Hay situaciones en las que no somos capaces de perdonar. La herida es demasiado grande. Entonces acordémonos del perdón de Dios: Él nunca nos falla. En cuanto a nosotros, el poder perdonar a veces nos llega solamente por etapas. El deseo de perdonar es ya un primer paso, incluso cuando este deseo aparece sepultado bajo la amargura.

Perdonando Dios hace algo más que simplemente borrar las faltas. El da una vida nueva en su amistad avivada día y noche por el Espíritu Santo. Acoger y transmitir el perdón de Dios es la vía que Cristo ha aabierto, avanzamos a pesar de nuestras fragilidades y de nuestras heridas. Cristo no hace de nosotros hombres y mujeres que ya hayan llegado a realizarse.

(…)

Como cada persona, las sociedades humanas tampoco pueden vivir sin el perdón. En América Latina y en muchos otros países del mundo las heridas de la historia son profundas. Atrevámonos entonces a poner fin a aquello que puede terminarse hoy mismo. Renunciemos a transmitir a la siguiente generación las amarguras del pasado. De este modo un futuro de paz, preparado en el corazón de Dios, podrá desarrollarse plenamente.


Reflexión en grupos, Viernes 10 Diciembre

Durante la Peregrinación de Confianza, se lee el texto 
del hermano Alois y se reflexiona en pequeños grupos.

La opción por la alegría no es jamás una evasión lejos de los problemas de la vida. Al contrario, la alegría nos permite mirar a la realidad de frente, incluyendo los sufrimientos y las injusticias. La alegría nos llena de una compasión sin límites.

El camino de la felicidad, siguiendo a Jesús, está en el darnos nosotros mismos día tras día. Por medio de nuestra vida, con una gran sencillez, podemos decir el amor de Dios.

La opción por la alegría es inseparable de la opción por el hombre. Experimentar, aunque sea poco, la alegría de Dios hace de nosotros hombres y mujeres de comunión. El individualismo como camino de felicidad es una ilusión.

Ser testigos de comunión supone, a veces, la valentía de ir contra corriente. El Espíritu Santo dará a cada uno y cada una de ustedes la imaginación necesaria para encontrar el modo de hacerse más cercano de aquellos que sufren, escucharles y dejarse conmover por las situaciones de desamparo.

Un signo de nuestro tiempo es la bella generosidad con la cual innumerables personas han ayudado a las víctimas de las dramáticas catástrofes naturales. ¿Cómo dicha generosidad puede también animar nuestras sociedades en el cotidiano?

Por muy necesaria que sea la ayuda material en ciertas situaciones de urgencia, no es suficiente. Lo que importa realmente es hacer justicia a los desfavorecidos. La lucha contra la pobreza es una lucha por la justicia. La justicia en cada país. Y la justicia en las relaciones internacionales, no el asistencialismo.

Dejemos todo tipo de paternalismo y proteccionismo y hagamos justicia para los más desfavorecidos. 

Los cristianos de América Latina nos los recuerdan: la lucha contra la pobreza es una lucha por la justicia. Justicia en las relaciones internacionales y no asistencia.


•  ¿Cómo puedo aportar más justicia allí dónde vivo?
•  ¿Dónde y cómo busco la justicia?
•  ¿Cómo este texto nos ayuda a compreder y a vivir la justicia? ¿Dónde comienza la justicia?
•  ¿Es posible la justicia sin amor?

jueves, 9 de diciembre de 2010

Hno. Alois en Santiago de Chile, Jueves 9 de Diciembre

Durante cada oración del atardecer, en el encuentro 
de Santiago, el hermano Alois comparte una meditación.

Hace un año realicé una visita de 3 semanas a los cristianos de China, junto a dos de mis hermanos: uno chino y el otro coreano. Lo que me impresionó de ese país fue el comprobar la intensa espera espiritual presente en muchos jóvenes. Encontre a jóvenes que sin ser creyentes se acercan a la religión. Un joven nos explicó: "El alma china siempre ha creído en el cielo y en un más allá. Las ultimas decadas no han podido borrar esto." Y este joven agregaba que en estos últimos años felizmente la vida material ha mejorado pero al mismo tiempo muchos sienten un vacio espiritual y buscan un sentido a la vida. A lo largo y ancho del mundo, incluso teniendo historias diferentes, ¿no nos encontramos frente a cuestiones parecidas? Ningún joven puede dejar de preguntarse ¿qué puede dar un sentido a mi vida? ¿qué rumbo elegir que merezca la pena?

Ayer por la noche les dije que la opción por la alegría era inseparable de la opción por el hombre. La opción por la alegría no es jamás una evasión lejos de los problemas de la vida. Al contrario, la alegría nos permite mirar a la realidad de frente, incluso los sufrimientos e injusticias. La alegría nos llena de una compasión sin límites. 


Mañana por la mañana en los grupos ustedes buscarán como cada uno y cada una puede profundizar esta compasión en su propia vida. Me gustaría decir esta noche algunas palabras al respecto.

Saborear, por pequeña que esta sea, la alegría de Dios, hace de nosotros mujeres y hombres de comunión. El individualismo como camino de la felicidad es una pura ilusión. La felicidad, siguiendo a Jesús, está en el don de nosotros mismos, día tras día. Por medio de nuestra vida, con una gran sencillez, podemos transmitir el amor de Dios. Ser testigos de comunión, supone a veces la valentía de ir contra corriente. El Espiritu Santo dara a cada uno y a cada una de ustedes la imaginación necesaria para encontrar el modo de hacerse más cercano de aquellos que sufren. Escucharles y dejarse conmover por las situaciones de desamparo. Si nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestros grupos juveniles fuesen cada día más espacios de bondad de corazón y de confianza. Espacios donde nos acojamos mutuamente, donde busquemos comprender y apojar al otro. Lugares donde seamos atentos con los más débiles, con aquellos que nunca pertenecen a nuestro entorno, con aquellos que son más pobres que nosotros. 

Uno de los signos de nuestro tiempo, es la hermosa generosidad con la que incontables personas han ayudado a las víctimas de catástrofes naturales. Aquí en Chile, el terremoto de febrero ha afectado sobre todo a los más pobres. Pero el impulso de generosidad que ha surgido del fondo del alma chilena ha permitido darse cuenta de cómo los chilenos forman una sola familia, solidaria en la adversidad. Una generosidad semejante ¿cómo puede también hacerse presente en la vida diaria de nuestras sociedades? 

Por muy necesaria que sea la ayuda material en ciertas situaciones de urgencia, no es suficiente. Lo que importa realmente es hacer justicia a los desfavorecidos. La lucha contra la pobreza es una lucha por la justicia. La justicia en cada país. Y la justicia en las relaciones internacionales, no el asistencialismo.

La acumulación exagerada de bienes materiales mata la alegría y nos mantiene en la envidia. La felicidad está en otro lugar. En elegir un estilo de vida sencillo y trabajar no sólo por el beneficio sino para dar sentido a la existencia compartiendo a los demás. Así, cada uno puede contribuir a un porvenir de paz. Elegir un estilo de vida sencillo no conduce jamás a la tristeza. La sencillez nos ayuda a ir a lo esencial. ¿No es acaso un desafío poder descubrir en nuestras vidas una belleza muy simple?

Todos nosotros desearíamos tener el sentido del gusto por la solidaridad y el compartir. Sí, nos gustaría dejarnos entusiasmar por ese compromiso. Comprometernos a fondo para que las riquezas se compartan mejor y para que el acceso a los alimentos, a la salud, a la educación y a la vivienda estén asegurados para todos. La generosidad está presente en el corazón humano. Hay una alegría en el compartir y muchos de ustedes ya han hecho la experiencia. Para orientar todavía más nuestra vida en este sentido, Dios no nos da un espíritu temeroso, sino un espíritu de amor y de fuerza interior que nos conducirá muy lejos.

hermano Alois



Reflexión en grupos, Jueves 9 diciembre

Durante la Peregrinación de Confianza, se lee el texto 
del hermano Alois y se reflexiona en pequeños grupos.

“¡Deja la tristeza, la alegría del corazón es la vida del hombre!”- esta llamada de un creyente que vivió mucho antes de Cristo está dirigida también hoy a nosotros. La felicidad ¿quién no la busca? ¿Quién no quisiera descubrir y desarrollar los dones depositados en cada uno? Lo que lleva a una vida humana a su realización, no son las hazañas espectaculares, sino la alegría serena que toca las profundidades del corazón. El carácter inacabado de toda vida, las fragmentaciones y los sufrimientos no desaparecen, pero tampoco ahogan la serenidad.

Nuestras existencias pueden atravesar dificultades y sufrimientos y, a veces, durante largos períodos. Sin embargo, quisiéramos siempre intentar reencontrar la alegría de vivir. ¿De dónde nos viene? Ella se alimenta de encuentros que nos marcan, de amistades duraderas, de la creación artística o incluso de la belleza de la naturaleza...

También nos viene del interior: el amor que recibimos, hace nacer una felicidad que, poco a poco, llena el fondo del alma.

Es entonces que somos conducidos a hacer una opción por la alegría.  

El Espíritu Santo deposita en lo profundo de nuestro ser la alegría de Cristo Resucitado. Esta alegría no esta presente solamente cuando todo resulta fácil. Cuando nos encontramos ante una tarea exigente, el esfuerzo puede reavivar la alegría.

Incluso en las pruebas, algunos se atreven a hacer referencia a esta alegría que puede esconderse como una brasa entre las cenizas sin apagarse. En la alabanza dejamos que se muestre en nosotros y, de golpe, todo se ilumina.


• ¿Cómo pequeñas alegrías cotidianas pueden alimentar y determinar nuestras opciones más profundas? ¿Estoy suficientemente atento a éstas?

• Saber esperar, cambiar las cosas desde el interior, decidirse... ¿son acaso actitudes incompatibles con la alegría?

• Una opción por la alegría, una opción por el Reino: ¿Con qué gestos concretos podemos renovar, día a día, dicha opción?

• ¿Cómo una opción por la alegría puede convertirse en una opción por la vida y en una opción por los demás?

domingo, 5 de diciembre de 2010

¡A 3 días del encuentro!

Ayer en el Centro de Preparación recibimos a las personas que forman parte de los equipos en las parroquias y comunidades. La cita primero fue en la iglesia. Se ensayaron algunos cantos, incluido uno en mapudungun; el testimonio de Macarena, de Francia, con la preparación desde hace más de 4 meses; noticias sobre los grupos próximos a recibir, como los 25 haitianos y los colombianos; y avisos de último momento.

Después nos reunimos cada voluntario con la vicaría correspondiente para ver los últimos detalles. ¡Es la última vez que nos reunimos con ellos antes del encuentro! La emoción y los nervios se hacen notar. Todos ya quieren recibir a los peregrinos, incluso algunos no pueden resistir por saber de qué lugar vendrán a su parroquia.

Las familias están listas para recibir. Quieren mostrar ya la acogida chilena dándolo todo. Preparan su casa, unos hasta pintan y arreglan, se preocupan por que los jóvenes estén bien alimentados, el transporte, que no se vayan a perder en Santiago y que se sientan como en casa.

Es increíble pensar que solamente quedan 3 días para la Peregrinación de Confianza. Atrás en agosto parecía una fecha lejana cuando decíamos "del 8 al 12 de diciembre..."

Oración de mediodía





Lo que quedó de los voluntarios al final del día

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡Santiago se prepara!

Este sábado y domingo, jóvenes de todo Santiago estuvieron viniendo al Centro de Preparación para mostrar sus avances en las parroquias. Prácticamente los 80 puntos que acogerán peregrinos estuvieron presentes. Traían sus mapas de cómo llegar a su parroquia, el número de lugares encontrados en familias... Quedan aún detalles por ver, pero la preparación se va afinando cada vez más.

La alegría por acoger este encuentro se siente por todos lados. Las familias están listas para recibir jóvenes en sus casas, muchos de fuera de Santiago ya están inscritos, las parroquias e iglesias se preparan con el programa que se vivirá allí...

Algunos voluntarios han escrito sus impresiones: http://www.taize.fr/es_article11594.html




El super equipo: los 10 voluntarios de Taizé.


domingo, 24 de octubre de 2010

Caminata al Santuario de Santa Teresa de los Andes

Ayer fue la caminata al Santuario de Santa Teresa de los Andes, la primera santa de Chile. En el centro de preparación se detuvieron las actividades para unirnos a la peregrinación. El día inició temprano, a las 7 de la mañana estábamos partiendo de la Vicaría de la Esperanza Joven, muy cerca del centro, en diferentes autos hacia el santuario, a unos 70 km. al norte de Santiago. Llegamos directamente al santuario sin hacer la caminata de 27 km. En el camino se podía ver una fila interminable de buses que traían peregrinos de todos los rincones de Chile. Decenas de miles de jóvenes se prepararon desde sus parroquias para venir en grupo.

Santuario de Santa Teresa de los Andes
Durante la peregrinación hay "estaciones" con un nombre distintivo que busca animar a los peregrinos con cantos y bailes. Los hermanos de Taizé, las hermanas de San Andrés y los voluntarios estuvimos en la última estación, en la 13, en el templo. Justo después de la estación 12 donde está la cripta de Santa Teresa. El nombre de la estación estaba dedicado a la Virgen, "Junto a la Madre y Reina de Chile". Ahí en el templo, se nos confió animar dos momentos de oración, uno a las 10 y otro a las 14 horas. Al llegar al santuario alrededor de las 9, mucha gente ya había llegado, incluso caminando. Algunos se quedaron a dormir desde la noche anterior y partieron muy temprano en la madrugada.

Al llegar, antes que iniciáramos con nuestro trabajo, Fran y yo bajamos a la cripta de la santa carmelita que vivió tan solo 19 años. La cripta se encuentra debajo del templo, justo debajo del altar. Ahí ya se encontraba mucha gente alrededor de la tumba, los más cercanos de rodillas, otros sentados y el resto de pie. El clima era de silencio y oración. La mayoría había caminado muchos kilómetros ofreciendo alguna intención particular para llegar hasta aquí. Es como si fuera el punto final de la peregrinación. Sobre la cripta había algunas flores blancas y muy cerca al centro, una imagen de la santa, como si fuera en cera. Algunas personas aprovechaban para tomar fotos.

Sólo unos minutos estuvimos para después irnos a recibir nuestra comisión. Nos tocó apoyar en el templo con la circulación de la gente. Yo estaba al lado de unas escaleras que conducían a la cripta pero mi tarea era prevenir que la gente bajara por ahí, sólo que subiera la gente que venía de la cripta hacia el templo. Todos querían ir a la cripta por lo que las instrucciones se repetían una y otra vez.

- ¿Por aquí es para la cripta?
- Sí, pero no se puede por aquí, tiene que salir y dar la vuelta por el lado izquierdo.

- ¿Se puede bajar por aquí?
- Por aquí es la salida, tiene que bajar las gradas y del lado izquierdo del templo está la entrada. Por aquí es sólo para subir.

- ¿Para la tumba de Santa Teresa...?

Mientras unos ayudábamos con la circulación, unos entregaban volantes de la Peregrinación de Confianza, otros motivando a que la gente permaneciera un momento en el templo para la oración, otros con el silencio...



lunes, 16 de agosto de 2010

Santiago de Chile: Celebración por los 70 años de Taizé

En Santiago de Chile también se vivió la celebración por los 70 años de Taizé y la conmemoración de los 5 años de la muerte de su fundador, el hermano Roger. En agosto de 1940, el hermano Roger, con 25 años de edad y su bicicleta, llegaba a la colina de Taizé buscando caminos de reconciliación.

Oración del 15 de agosto: 70 años de Taizé y 5 años de la muerte del hermano Roger

La oración tuvo lugar en la parroquia Nuestra Señora de la Divina Providencia, muy cerca del centro, donde se encuentra el centro de preparación para la Peregrinación de Confianza. Unas 250 personas y amigos de la comunidad, en su mayoría jóvenes, estuvieron presentes. Al inicio, los hermanos de Taizé dieron unas palabras de bienvenida. Sabiendo que al hermano Roger no le gustaban demasiadas palabras en las iglesias, fueron cuidadosos en ser breves.

Uno de los hermanos de Taizé que vive en Santiago acogía a los presentes citando unas de las últimas palabras de su prior.
La tarde de su muerte, el hermano Roger, llamó a un hermano (...) hizo un largo silencio y luego dijo: "En la medida en que nuestra comunidad cree en la familia humana posibilidades para ensanchar..." y se detuvo. La fatiga de sus 90 años le impedían continuar. ¿Qué entendía por ensanchar? Los hermanos continuamos preguntándonos eso. En estas palabras se encuentra la pasión que le habitaba. Probablemente, quería decir hacer todo lo posible para que sea más perfectible a cada uno el amor que Dios tiene por todo ser humano sin excepción.
La belleza de la oración cantada era para crear asombro, con coro a cuatro voces y múltiples instrumentos como guitarra, dúo de flautas traversas, flauta dulce, oboe y trombón. En ratos prefería escuchar atento y mirar a mi alrededor en vez de cantar.